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Las piñatas de Acolman

Las piñatas de Acolman

Las hay de diversos tamaños, formas y materiales, pero sin duda, las más bellas son las que manos mexicanas crean para darle color a las fiestas decembrinas.

 

La piñata llegó al país a través de los evangelizadores franciscanos que residían en Acolman, Estado de México, pero se ha quedado hasta  nuestros días como parte de nuestras artesanías representativas.  Sin embargo, su origen es chino, ahí las fabricaban en forma de animales como vacas o búfalos con motivos agrícolas y las rellenaban de semillas.

 

Era una exaltación o celebración para marcar el inicio de las cosechas y un modo de procurar un buen año en la producción.  Las elaboraban durante las fiestas de primavera que coinciden con el Año Nuevo Chino y se rompían con unas varas para obtener las semillas.

 

Según la historia, Marco Polo el mercader y explorado veneciano llevó la piñata a Italia; por eso, su nombre viene del término italiano pignatta que significa olla.

 

Cuando llegó a América, la tradición franciscana le dio un significado evangelizador que se conserva hasta hoy: este elemento, representa al diablo y debe tener 7 picos; cada uno simboliza los pecados capitales. Para romperla se vendan los ojos, porque la fe es ciega y el palo, representa la fuerza. Se llena de dulces y fruta, así que al romperla obtenemos la recompensa por vencer al mal.

 

La piñata evolucionó en forma y tamaño, ahora las hay de personajes famosos o hasta de funcionarios públicos. También, se batió un récord mundial por hacer la más grande del mundo con 520 metros cúbicos de capacidad y una longitud de 32 metros de pico a pico. De periódico, barro o de cartón, la piñata ya es una tradición orgullosamente mexicana.

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